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Calle Alamos y el museo de las casas de muñecas

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Escrito de José Ant. Barberá

Sin embargo la dorada clavazón de una puerta, algún esplendido balcón, tal o cual reja de labrados barrotes y algunos patios que dejan ver tras el encaje de sus cancelas una sencilla fuente de mármol blanco, salvan un poco el gusto y el recuerdo”.

Francisco Bejarano, Las calles de Málaga de su Historia y Ambiente

Debo reconocer como muy ciertas para mi, estas letras del inolvidable don Francisco Bejarano, en su referencia al recuerdo de la calle de Álamos, anterior en algunos años a la que actualmente conocemos, ya que esta tan antigua calle marcó de manera muy especial en mi memoria, aquellos juveniles años de la década de los sesenta, por haber sido la zona donde, una alegre y juvenil pandilla de amigos nos reuníamos en clásicos, inolvidables y musicales guateques domingueros.

El transcurso de los años no ha evitado que, pasar por la puerta de la casa n 29 de esta calle suponga un agradable recuerdo del ayer, y que por las rendijas que actualmente padecen puertas y ventanas, la imaginación escuche escapar la música de los entrañables discos de vinilo de aquella época.

La calle de Álamos comenzó a nacer en el año 1492, cuando en el lugar comprendido entre la Puerta de Granada y la de San Buenaventura, el bachiller Juan Alonso Serrano, corregidor y reformador de la ciudad, acompañado del escribano, de los regidores y jurados del Ayuntamiento, caballeros y personas notables de la ciudad, trataban de señalar el solar para la plaza del mercado, que los Reyes habían dispuesto que se levantara en el arrabal.

El proyecto sufrió algunos cambios, restableciéndose finalmente el primer acuerdo de emplazarla, donde transcurrido el tiempo seria la plaza de la Merced, quedando planteada y con su alineación la calle mayor o principal desde la Puerta de Buenaventura a la de Granada, o sea la calle de Álamos, que tomó el nombre de los árboles que allí estaban plantados, acordando el Cabildo en 1531, continuar la plantación a continuación de los ya existentes a lo largo de toda ella, junto al foso y en la acera opuesta hasta el arrabal de San Francisco, (actual plaza de San Francisco) que daba nombre a toda la zona, que se extendía desde la inmediación de la Merced hasta el final de Carreteria, llegando por el otro lado hasta el Guadalmedina y por la parte alta hasta Capuchinos.

Al igual que otras calles, sufrió los daños provocados por las lluvias torrenciales y las inundaciones, los temblores de tierra y como no, la no siempre reconstructora mano humana, que terminó la labor destructora comenzada por los elementos naturales en los muros de la calle, horadándola en varios sitios como portillos realizados por los mismos vecinos, para tener fácil entrada y salida, los que en el año 1607 fueron inhabilitadas, ya que se dispuso se cerrasen estos accesos y se reparasen los desperfectos de los muros.

El carácter sobresaliente que mantuvo esta calle, se puede comprobar en las viviendas del siglo XVIII que aún se conservan y el número tres es una muestra muy significativa: la casa palacio de la marquesa de Guirior, obra del siglo XVIII, con una noble fachada y un bello patio, que aunque restaurada, ha conservado el diseño, la portada y la rejería primitiva. La número 5, también de finales del XVIII y remodelada en el XIX, con un hermoso patio interior, fue derribada en 2002, y rehecha de nuevo. La numero 7 es un edificio del siglo XIX, con bella y sólida rejería, propiedad de los marqueses de Crópani; el resto de las casas son muestras de mediados del siglo XIX y comienzos del XX.

En el paseo, mientras miramos y admiramos antiguas rejas, los pocos aunque esplendidos balcones que quedan y algunos hermosos patios, llegaremos hasta la casa número 32; en ella encontraremos una vivienda del siglo XVIII reconstruida, que ha conservado la antigua rejería y sus galerías interiores son ejemplos típicos de la arquitectura malagueña, cuyo patio y habitaciones reconvertidas en salas, constituyen un espacio inmejorable para albergar las piezas de un museo; en este caso concreto, la magnífica colección privada de casas de muñecas de doña Voria Harras.

En la actualidad, al escribir algunas notas sobre el comienzo de la que ha sido y es una de las vías mas importantes del centro de la ciudad, como es esta calle de Álamos, no es posible pasar sin hacer mención de este Museo de las Casas de las Muñecas, tan cercano al Museo del Cristal y el Vidrio, en calle Parras; y del Museo del Vino de Málaga, en la plaza de Viñedos, y poco antes el Museo de Artes Populares, en el Pasillo de Sto. Domingo. Cuatro museos malagueños a tener muy en cuenta para visitarlos a la hora de pasear por esta Málaga, Ciudad del Paraíso como la cantara Vicente Alexandre en sus poemas, que afortunada y culturalmente, poco a poco va viendo crecer su patrimonio museístico.

Dejemos por ahora en este punto, los comienzos de esta arteria tan importante en nuestra Málaga, y como en un abrir y cerrar de ojos, avancemos en el tiempo, hasta encontrarnos en la actualidad, en la misma calle y a las puertas de este tan íntimo y contador de historias, Museo de las Casas de Muñecas, donde traspasar la entrada puede ser fascinante, como penetrar en el maravilloso mundo de Liliput, un pequeño país donde cada casa, cada habitación y sus diferentes mobiliarios refieren parte de la historia pretérita y nos hace ver la vida cotidiana, así como las costumbres de pasadas épocas, que hoy en gran parte están perdidas. En este agradable lugar se exhibe el fruto de muchos años de trabajo y pasión por el miniaturismo, comprendiéndose las innumerables horas que deben haber sido dedicadas a la restauración y recuperación de estas pequeñas joyas. Fue el duque de Baviera quien dio origen a la primera casa de muñecas. Se sabe que en el año 1558 encargó una para su hija, siendo tal la belleza de la pieza, que el duque la incorporó a su colección de arte; se conoce el nombre de los artesanos que la realizaron, e incluso la descripción de sus estancias, pero la casita quedó totalmente destruida en un incendio.

Las casas de muñecas siempre atrajeron la atención de la realeza y la nobleza, apareciendo las primeras en Holanda y documentadas en el siglo XVII, pasando pronto a ser apreciados objetos de colección, conservándose las mas lujosas en los salones de palacio y casas nobles, aunque tras el auge del coleccionismo y artesanía de las casitas de muñecas, comenzaron a emerger los primeros museos en Holanda e Inglaterra, en tiempo de la Ilustración, siguiéndose esta costumbre en el resto de Europa y EEUU ., incorporándose esta costumbre en la España del siglo XIX.

La colección del museo de Málaga cuenta con cerca de cincuenta modelos, que según nos dice su creadora y propietaria, Sra. Harras, son únicos en el mundo por tratarse en muchos casos de casas tradicionales españolas del siglo XIX, que por la calidad de los materiales con los que están realizadas y por la habilidad mostrada por sus artífices, constituyen verdaderas obras maestras, siendo en muchos casos trabajos encargados por las familias burguesas de la época, que antes de la construcción del edificio, deseaban comprobar como sería una vez terminado, encargando el mobiliario a artesanos ebanistas en escala 1:10, con restos de buenas maderas como es el palo rosa. De esta forma los propietarios podían ver el efecto completo, imitando en pequeño la realidad del hogar que pretendían habitar.

En este museo podemos ver los diferentes estilos de construcción y características de las ciudades andaluzas, pudiéndose contemplar en la planta baja el palacio de los Carranzas de Cádiz, con casi doscientos años de existencia, donde están copiados con belleza y exactitud todos los rasgos arquitectónicos típicos de la ciudad hermana, con una grandiosa fachada y unas preciosas escaleras imperiales. En la misma planta podemos conocer la casa de las Hermanas Cortinas, cuya historia mantiene un emotivo recuerdo, ya que los pequeños muebles de lata fueron donados por dos hermanas muy ancianas, que vinieron expresamente de Madrid para ello, ya que sus casitas se habían perdido durante la guerra civil; y la Casita del Columpio, hecha en los años cuarenta del pasado siglo y muy importante para la directora del museo, con personajes hechos de fieltro, siendo los enseres de la casa una mezcla de Art déco y cubismo post moderno.

En la primera planta, entre otras mansiones podemos apreciar la del año 1896 original de Monte de Sancha, donde aún quedan algunas con estas características de estilo andaluz, con sus tejas árabes y estilo colonial. En la misma planta encontramos una casa típica del centro de Málaga del siglo XIX, con balcones de hierro y coronada por las típicas copas vidriadas de cerámica malagueña de la Colonia de Santa Inés.

Difícilmente podemos dar en estas páginas extensión a cuanto contiene el museo en sus salas, ya que además de la casa de Jaén, palacio cordobés, casa mallorquina, casa asturiana y un largo etcétera, hay muebles antiguos, como el ropero de 1800, donde se puede estimar una colección de muñecas francesas, alemanas y españolas del siglo XX, todas ellas de gran valor, así como numerosas vitrinas con maquetas de trenes, juguetes de lata, de menaje y otras muchas pequeñas y excelentes miniaturas, por lo que si les apetece volver a recordar infantiles juegos, mirar la historia a través de la construcción, o sentirse por un agradable rato como lo haría el mismísimo Gulliver, entre las visitas a nuestros museos malagueños, no dude en incluir este. Con unas palabras de la Sra. Voria nos despedimos de este bello lugar, único en Andalucía, donde cualquier cuentacuentos se sentiría feliz y haría su mejor interpretación ante una audiencia infantil.

Invito a los que, como a mi, se conmovieron al contemplar una casita de muñecas, sintieron la emoción de tener entre sus manos una de sus delicadas piezas e inmediatamente, el deseo de tener una, pasando a ser parte de su vida. A los mayores, que al mirarla se emocionan con recuerdos de su niñez.

A los niños, que dejando volar su imaginación, descubren un mundo a su alcance. A los que no nos conocen. A todos vosotros os invito a pasar un rato entretenido, pues os iré enseñando un museo de fantasía en un recorrido donde podréis contemplar a placer hasta el más mínimo detalle”.