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Diminuto coleccionismo de recuerdos

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Voria Harras era estudiantede la Escuela deArte y Oficio malagueña cuando llegó hasta susmanos una casa de muñecas delsiglo XIX. Comenzó a restaurarlacon mimo, y empezó a entenderel oficio del artesano quehabía ido dando forma a una recreación que es objeto de decoración, juguete, y también emotivo recuerdo. Comprendió la laboriosidad de los trabajos decerámica, madera, cristal y pinturadel maestro, y aplicó los conocimientos propios, adquiridos en la Escuela. El resultado final la satisfizo mucho. Tanto fue así que decidió consagrar su vida a la restauración, coleccionismo y, desde hace cinco años, exhibición de casas de muñecas. Un lustro hace que Voria Harras abrió las puertas de su Museo Casas de Muñecas, "el único en España" (afirma orgullosa),en un edificio del siglo XVIII situado en calle Álamos, en pleno Centro Histórico. Para poder mostrar su colección de casas demuñecas tuvo antes que restaurar el edificio, lo cual fue una odisea para nuestra protagonista, "no me quiero ni acordar, pensaba que iba a ser mucho más divertido,más lúdico", dice. El resultado, no obstante, es de ensueño: casitas decimonónicas de toda Europa(con joyas como una espectacular casa estilo Tudor inglesa, u otras piezas procedentes de Alemania, Francia, Austria...), miniaturas, muñecas e incluso juguetes como un Arca de Noé que la coleccionista malagueña rescató de un museo londinense especializado en la infancia, el Childhood. No en vano, pese a que el Museo Casas de Muñecas malagueño también tiene casa andaluzas (reproducciones de construcciones reales, tal es el caso de una pieza basada en una casa de nuestro Monte de Sancha), Voria cuenta cómo este tipo de coleccionismo fue una moda importada de fuera, "especialmente de los países nórdicos, en los que se elaboraban este tipo de casas por encargo, para luego regalarlas a las hijas que se casaban, sobretodo en Alemania... era como tener una reproducción pequeñita de la casa en la que iban a vivir". Posteriormente, las casas de muñecas pasaron a ser juguetes y piezas de coleccionista que,en el caso de la colección de Harras, son "únicas, ten en cuenta que muchas de las casitas quea quí había se perdieron en la Guerra Civil". Aunque también destaca,con orgullo, como su museo rescató un ejemplar de 1938, "el año del hambre en Málaga".No faltan, en el Museo Casas de Muñecas, casitas más modernas (de la década de los 80). Y es que este tipo de coleccionismo no cesa, pese a que las escalas hayan disminuido, según Voria: "las casas del XIX son muy grandes, antes se construían a escala 1/10, ahora a 1/12". Las casas de muñecas tienen una dimensión antropológicae histórica importante, ayudan a conocer las costumbres y los modos de vida de generaciones muy anteriores a la nuestra. Hay visitantes del Museo que se emocionan al ver las "casas de sus abuelos". Por otro lado, eldidactismo que desprenden estas antigüedades es evidente, "los niños aprenden cómo se vivía hace dos siglos, incluso a veces se sorprenden de ver cómo no habíatele ni agua corriente en las casas, es curioso", asevera esta coleccionista. Voria Harras pudo contemplar,en Europa, museos similares al suyo. Fue entonces cuando se percató de que su obra era lo suficientemente importante como paramostrarla al mundo. Ya lleva haciéndolo cinco años, conuna iniciativa privada digna de admiración. Una puertecita pequeña por la que se puede penetraren un mundo muy grande: el de las casas de muñecas.

Last Updated ( Thursday, 24 November 2011 22:53 )