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La mansedumbre del coleccionista

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Llegan con septiembre los infinitos fascículos y productos por entregas que asaltan los quioscos. La imaginación de las editoriales parece no tener fondo: pronto venderán en fracciones reliquias de santos o los archivos de la Stasi. El Ayuntamiento debería tomar nota para la satisfacción ciudadana. Creo que ya he referido alguna vez que septiembre es mi mes favorito, y espero que el cambio climático no lo estropee demasiado.

Me gustan sus atardeceres, el frescor de las noches cuando se acerca el otoño y especialmente la luz, que en algunos rincones malagueños, a ciertas horas tempranas, alcanza la categoría de lo asombroso. Con septiembre además regresan los horarios escolares, varias rutinas de refriega y taquilla, como si la ciudad se desperezara después de una alúa sublime. Forman parte de esta novedad de lo cotidiano los fascículos y coleccionables que asaltan sin misericordia los quioscos; ya saben, las bibliotecas de ciertos autores de prestigio o géneros ligados al best seller, los minerales de la tierra, las enciclopedias de vida sana, las casitas de muñecas, las astronaves de las más famosas series galácticas, los más hermosos insectos, los automóviles de toda la vida y hasta electrodomésticos desmontables se venden por fracciones, envueltas en aparatosos ripios de cartón que en muchas calles de Málaga invaden peligrosamente las aceras. Ya que, según los estudios de mercado, la mayoría de quienes deciden emprender una compra por entregas se queda en el primer ejemplar, las editoriales optan por lanzar muchas, muchísimas colecciones casi de cualquier cosa. Este año hay novedades entrañables, como las figuritas de superhéroes y las películas de Cantinflas, aunque la palma se la lleva la colección de rosarios. No me digan que no tiene mérito idear una serie entera y venderla por piezas, el rosario de la Virgen María, el de Juan XXIII. Habrá quien tache a los suscriptores de exagerados, pero este tipo de oferta tiene un público más amplio del que puede parecer. Según me cuentan, cierto portero con fama de agresivo de una discoteca de la ciudad lleva siempre enredado en la mano uno de estos instrumentos de oración dedicados a la Madre de Dios. El tipo mira a quienes quieren entrar en el local de arriba a abajo, incólume junto a la puerta, como un coloso que guarda el Puerto de Rodas, con una extremidad superior preparada para dar a los indeseables su merecido y la otra enfrascada en las letanías, ruega por nosotros, ruega por nosotros. Si las editoriales tienen imaginación, la febril alevosía del pueblo va, con frecuencia, por delante. Ya veremos cuando saquen los archivos de la Stasi. Quizá algún valiente se atreva a publicar por fascículos la lista de víctimas de la Guerra Civil que ahora recopila el juez Garzón.

Claro, el coleccionista es un ser al que se le presupone la paciencia, una virtud que en Málaga resulta especialmente rentable. En vez de soltar los anuncios a sopetón, ahí te las veas, el Ayuntamiento debería tomar nota de las estrategias de marketing de estas editoriales y publicar algunos de los materiales que esperan los ciudadanos por fascículos. El nuevo PGOU, por ejemplo, sería un éxito por entregas; además, el Consistorio contaría con que sólo completarían la colección los verdaderamente interesados, los empeñados en llegar hasta el último ladrillo, lo que resultaría útil para ahorrar críticas y papel. Otro coleccionable interesante sería la serie de proyectos culturales: el Museo Thyssen, Art Natura, el Teatro Echegaray, el cine Albéniz, el Museo Revello de Toro y otras iniciativas del ramo aparecerían detalladas en hermosos cuadernillos, con las tapas para la encuadernación adjuntas en la primera remesa. Fraccionados entre los quioscos, los próximos presupuestos municipales serían la comidilla para un buen número de altos cargos públicos temerosos del hielo. Por si acaso, es mejor degustar la vida en bocados pequeños.

Last Updated ( Friday, 05 September 2008 21:01 )